(Esta es una carta que escribió Lluís Barbé al Conselh Generau d’Aran el 8 de octubre de 2024.)
Buenas tardes,
mi nombre es Lluís Barbé, soy Entrenador y Fisioterapeuta del gimnasio Mou-te i Supera’t de Canejan. Estoy especializado en Biomecánica y Bioquímica. Redacto este mail en castellano para que pueda llegar, quizás, a más personas.
El motivo de este mail es comentar sobre un asunto aparentemente sin importancia, pero que cuando conoces el cuerpo humano pasa a ser de enorme relevancia y urgencia.
El hecho es que he ido observando en los últimos años el cambio de iluminación de varias zonas y pueblos Dera Val d’Aran (una triste tónica que se extiende por doquier). Concretamente me sorprendió muy negativamente cuando hace aproximadamente 2 años, en mi pueblo (donde vivo desde hace aproximadamente 4 años), se cambió toda la iluminación clásica anaranjada por Leds de Luz Blanca (una luz que se conoce como HEV, luz visible de Alta Energía). Una tónica ya instaurada en muchas zonas y otros pueblos. No sólo se está teniendo el mal detalle de cambiar esa iluminación (luego entramos si es por motivos energéticos) sino que además en vez de mantener las farolas con un velo translúcido que atenúe la cantidad de brillo, se dejan las luces leds blancas que impactan, deslumbran y por qué no decirlo arruinan a las personas que pasan bajo ellas.
No entiendo mucho quién adopta estas nefastas decisiones que atacan a nuestra Salud, porque entiendo que a parte de un ingeniero y experto en Iluminación debe o debería haber un experto en cómo ‘las cosas’ impactan sobre un ser vivo y entre ambos encontrar una buena solución al ahorro energético, pero siempre priorizando (espero) a la salud de las personas.
Pero, ¿por qué hablo de Salud? Bueno, quizás no es mi especialidad, pero desde hace muchos años soy un estudioso (cosas de mi pasión por el cuerpo humano, la salud y el cuidado de quienes confían en mí) de todo el tema de la Luz, las radiaciones y la interacción con nuestro cuerpo (al fin y al cabo somos seres de Luz regulados por la mejor Luz que siempre ha existido, la luz perfecta que llega del Sol).
No voy a entrar en la falta de tacto al cambiar una luz tradicional de toda la Vida que enamora y embellece aquello que ilumina dándole un toque ancestral, con la luz aberrante blanca que deslumbra más que ilumina. Pero sí quiero hablar de lo que me corresponde directamente, de Salud.
Dentro de nosotros tenemos el reloj más perfecto que existe y que existirá jamás: nuestro reloj biológico. Una especie de reloj que se regula por dentro, que marca el correcto funcionamiento hormonal y con ello del cuerpo, y que constantemente se debe sincronizar por fenómenos externos, algo que se conoce como Zeitgebers o sincronizadores externos. De ellos, los más importantes son la Luz (o no luz) que recibimos y también la comida o mejor dicho cuando comemos. Del correcto funcionamiento de nuestro reloj biológico depende nuestro ritmo circadiano, que no es más que cómo se regulan y segregan las hormonas durante el día. Muchos de los problemas de salud actuales tienen su inicio en una desregulación de los ritmos circadianos que acaban ‘hackeando’ nuestro entorno hormonal y expresión genética. Como he comentado el Zeitgeber más importante que regula nuestro reloj biológico, del cual depende absolutamente toda nuestra Salud, es la Luz. Hablemos pues de Luz.
La luz llega a nuestro ojos, y después de varias refracciones creadas por nuestras lentes (córnea, cristalino…) se proyecta esa luz en el fondo de la retina (justo por delante de ella). La luz, esa maravilla que viene del Sol, pero también de la Iluminación artificial que hemos creado, no es más que una Onda Electromagnética con diferentes longitudes de Onda. El Sol emite en un amplio Espectro Electromagnético que va de la Luz Visible (aquella que el ojo puede captar y que se percibe en esa maravilla llamada Arco Iris, cuando un Rayo Solar cruza un prisma) a luz con longitudes de Onda por debajo del rojo, llamado Infrarrojo (hay varios tipos) y la que va por encima del Azul-violeta, conocida como Ultravioleta (A, B y C). Todas ellas invisible para el ser humano, pero que de igual forma nos llegan. No es mi objetivo hacer una explicación detallada de cómo funciona, pues la información está ahí, los estudios y la evidencia es muy fácil encontrarla, pero creo que es mínimamente importante saber algunas cosas para poder actuar con rigor y coherencia.
Así pues, cada color que percibimos representa una longitud de onda diferente. La que se acerca a 450 nanómetros es del rango Azul, con longitudes de Onda más cortas pero más energéticas. La que va hacia los 700 nm son longitudes de onda más largas y menos energéticas y van al rango del rojo. Luego están aquellos que no vemos (por encima de 800 en el infrarrojo y más largo microondas – lo que emiten nuestros móviles – y ondas de radio, y por debajo de 400 ultravioleta, rayos X y rayos Gamma – estos últimos no forman parte del rango del Sol -).
Cuando la Luz llega al fondo de la retina interactúa con una células fotosensibles que contienen ciertos pigmentos. Muchos conocen a los Conos y a los Bastones. Los Conos para la visión cromática, de colores (fotópica), y los bastones para la nocturna o escotópica. Estas células contienen fotopigmentos que, junto a la Vitamina A, cuando llega la Luz transducen esa señal luminosa en corriente eléctrica, que sale del ojo por el Nervio Óptico y a través del tracto óptico toman varias vías, aunque la principal va a la corteza visual primaria ubicada en el occipital para finalmente acabar creando una imagen. Así pues, según las diferentes longitudes de onda y siguiendo la teoría tricromática (como los antiguos tv de tubos catódicos) acabamos percibiendo todos los colores y con ellos las imágenes, gracias pues a esa luz en forma de diferentes longitudes de onda. De hecho, sólo tenemos células especializadas en detectar o en ser sensible al Rojo, al Verde y al Azul. La interacción de todas las longitudes de Onda acaban dando la enorme riqueza cromática que tenemos (aunque es pobre comparada con la de muchos otros animales).

El nervio óptico cuando sale del ojo (por la papila, punto ciego del ojo) entra al cerebro (de hecho, la retina se considera parte del cerebro por su gran cantidad de neuronas que tiene), y llega al Quiasma óptico una zona de entrecruzamiento de fibras de un ojo con el otro y de donde salen haces hacia varias zonas, la más importante como he dicho sigue el curso hacia el Área Visual Primaria. Hasta aquí no hay interacción alguna con nuestro reloj biológico, pero el cómo la luz pueda regular nuestro ritmo circadiano es el kit del asunto aquí.
El caso es que hay unas células especiales en la retina, un tercer grupo de células fotosensibles conocidas como Células Ganglionares Intrínsecamente Fotosensibles. Éstas también forman parte, sus axones, del nervio óptico. En este caso, estas células tienen un fotopigmento diferente a los Conos y Bastones, conocido como Melanopsina (una proteína) que siempre, recordemos, va unida a la Vitamina A. Parte de sus axones, cuando llegan al Quiasma Óptico, en vez de seguir la Vía Óptica Principal, algunas proyecciones (unas 1000 según la literatura) se dirigen hacia otro lugar, concretamente hacia el Hipotálamo formando una vía que se conoce como vía retinohipotalámica. Concretamente llegan al Núcleo Supraquiasmático (se dice así por su zona, por encima del Quiasma óptico, esa zona de entrecruzamiento). Lo increíble de esto es que, al igual que los Conos (la visión de color) varían según el pigmento que tienen y qué longitud de onda estimula ese pigmento concreto, éstas, las células Ganglionares, con su pigmento Melanopsina, responden a longitudes de Onda de 475 Nanómetros (longitud de onda que coincide con el Azul y algo de Verde). Es decir, cuando llega la luz de esta longitud de Onda, como la que llega de una TV, de un móvil o de una farola de luz blanca (que es muy rica en la longitud de onda de la luz azul) se despolariza; o dicho de otra forma, se activan estas células enviando impulsos eléctricos que llegan por el nervio óptico hacia el Núcleo Supraquiasmático. Es el lugar principal de la regulación de los ritmos circadianos. ¿Cómo? Pues desde el Núcleo se envían proyecciones hacia la Glándula Pineal, una glándula donde se puede o no formar la conocida y la Hormona Maestra, madre reguladora de todo lo demás, la Melatonina. Bajo la presencia de un fotón o luz Azul estos axones que llegan de esas células ganglionares “le dicen” a la Glándula Pineal, que no debe formar Melatonina. En cambio bajo ausencia de estímulo Azul (esos 475 nm) la Glándula Pineal empieza a transformar la Serotonina obtenida durante el día en Melatonina. Y cuando la Melatonina llega se obra el Milagro. Pues es sólo bajo sus órdenes cuando todo el programa de reparación y regeneración se pone en marcha. Es en la noche, alejada de la influencia de esa luz Azul, cuando permites al cuerpo, no sólo dormir y descansar, si no activar el sistema inmune y llevar a cabo todos los procesos necesarios de restauración sufridos por el ajetreo del día.
Cuando llega la noche, deberíamos empezar a aumentar nuestra producción de Melatonina. Cada vez que, siendo de noche, nuestro ojos ven ese Azul proveniente de tanta aparatología y peor de la iluminación por doquier, le estamos diciendo a nuestro cerebro que es de día, inhibiendo la producción de Melatonina y retrasando toda posible reparación, aumentando nuestra entropía (desorden) y oxidación.
En mi caso, cuando el Sol se va, iluminamos nuestro hogar en tonos rojos o atenuados, o con fuego, como velas, chimenea, no hay pantallas y si hay usamos filtros para el azul (quedando la pantalla en tono más rojizo) para atenuar el desastre metabólico promovido por la destrucción de Melatonina. Me apena profundamente que al andar durante el atardecer y ya de noche por el pueblo deba estar forzado a ver esa luz azul de las farolas, siendo consciente de todo lo que ocurre, cuando de toda la vida la luz respetaba mucho más nuestra fisiología, con tonos con insignificante cantidad de luz azul.
Yo no quiero entrar en motivos de eficiencia energética para este despropósito que mueve el mundo no sé con qué motivo. Aunque entiendo que no sería tan difícil poner, como antes, envoltorios en las farolas que atenúen la luz o le den un color más cercando a luz roja, naranja, que modifique la longitud de onda que llega a nuestro ojos. O bien modificar por leds de colores.
Cada vez más existen más casos de Hipersensibilidad lumínica, así como todo tipo de trastornos que tienen su inicio en una severa destrucción de nuestro reloj biológico que nos hacer perder poco a poco la capacidad de estar sincronizados con nuestra biología, consecuencia de hacer una vida antinatural, en la que predomina la vida en interiores llena de luces artificiales que nos destruyen y nos alejan de la luz natural y perfecta que ofrece la información adecuada a nuestras células.
Por todo ello, os pido por favor la Opción de modificar las luces de mi pueblo, que sin preguntarnos, se cambiaron y que se devuelvan a su estado original, o al menos con los cambios necesarios para poder ofrecer salud y bienestar a los que aquí habitamos. Y deseo de corazón que también sea un estímulo para no seguir con estos cambios y volver a era Val d’Aran toda la iluminación tradicional, bella, y única que nunca debió perderse por intereses económicos de ahorro de energía y sin respetar lo que las personas y todo ser vivo necesitan.
Muchas gracias por la Atención, quedo a la espera de saber cómo podemos tratar de mejorar para hacer del Valle una zona de referencia, también con este importante asunto.
Texto escrito por Lluís Barbé Llagostera


